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De hashtags y urnas: cómo las redes moldean el destino de las naciones

  • Foto del escritor: Fernanda  Angulo Garcia
    Fernanda Angulo Garcia
  • 15 sept 2025
  • 3 Min. de lectura


Cc: Fernanda Angulo & Login Project SAS co
Cc: Fernanda Angulo & Login Project SAS co

Por Fernanda Angulo. Abogada. Esp & Mg en Innovación en Derecho Digital y Legal Tech.


Un tuit que detona la renuncia de un ministro, un audio en WhatsApp que convoca protestas, un TikTok que inclina una elección. No es ficción: es la política del siglo XXI. Las redes son hoy la plaza pública global donde cada ciudadano con smartphone puede alterar la agenda, movilizar multitudes o influir en las urnas. Un live oportuno o un hilo bien documentado pueden cambiar decisiones reales, para bien o para mal.


"Las redes no son entretenimiento: son infraestructura política"

En campaña, la batalla por el algoritmo decide quién se ve y quién desaparece. La microsegmentación y las “bodegas” coordinadas compiten por atención en feeds personalizados. El algoritmo premia lo que emociona —o indigna— y castiga lo tibio; por eso lo incendiario viaja más lejos que lo mesurado. Comunicar sin entender ese código es competir con los ojos vendados.


De allí el auge de la desinformación viral. La economía de la atención recompensa la novedad y el shock: un rumor atractivo puede recorrer el país antes de que llegue la verificación. El daño no es abstracto: erosiona confianza institucional, contamina procesos electorales y profundiza grietas sociales. Las etiquetas de “contenido dudoso” ayudan, pero la vacuna de fondo es cultural: alfabetización mediática y una pregunta simple antes de compartir: ¿es cierto?, ¿de dónde sale?


La tercera pieza es la polarización en cámaras de eco. Los algoritmos nos muestran más de lo que ya creemos y menos de lo que nos contradice. La conversación pública se vuelve trinchera: más ruido, menos matiz. Peor aún, algunos líderes confunden Twitter con “el país real” y terminan legislando al ritmo de la tendencia del día. Gobernar mirando solo tendencias es surfear un mar de espejismos.


No todo es sombra. Las redes son también aceleradores de movilización. Hashtags y directos han organizado, documentado y protegido protestas en tiempo récord. La juventud convirtió a TikTok en una pedagogía exprés: derechos explicados en 60 segundos, desmentidos visuales que corren como pólvora, historias personales que rompen la indiferencia. Se amplían los repertorios de participación: ya no solo marcha quien pisa la calle; también quien registra, difunde, recauda y conecta diásporas con causas locales. La energía digital convoca; el desafío es traducirla en reformas sostenibles.


Pero la revolución viene con su contrapeso: vigilancia algorítmica. Nuestra vida deja huellas —geolocalización, patrones, rostro— y sin límites claros se habilitan controles desproporcionados y censura sutil. La democracia digital exige derechos digitales: transparencia sobre algoritmos, auditorías independientes, protección de datos y límites al reconocimiento facial masivo.


Finalmente, la agenda pública ya no la dictan solo portadas y noticieros. Lo que arde en redes reconfigura prioridades: precipita renuncias, acelera respuestas y pone en el centro debates invisibilizados —de género, privacidad o derechos reproductivos— que hoy ocupan instituciones y cortes. Es una oportunidad (más voces, más control social) y un riesgo (reacción impulsiva y superficialidad).


“La agenda pública ya no cabe en una portada.”

¿Qué nos toca hacer? Tres tareas urgentes:

  1. Reglas y transparencia para plataformas y campañas (datos, gasto, segmentación, moderación).

  2. Alfabetización mediática masiva: criterio antes de la indignación, verificación antes del share.

  3. Puentes de diálogo que rompan burbujas: más espacios comunes, menos tribus algorítmicas.


Las redes no son solo entretenimiento: son infraestructura política. Pueden fortalecer la democracia —si elevamos el estándar cívico— o socavarla —si normalizamos el odio, la manipulación y la vigilancia sin control—. El destino digital de los Estados no está escrito: se teclea cada día, un post a la vez. La pregunta es directa: ¿lo que compartes hoy construye la democracia que quieres mañana? Por: Fernanda Angulo

Abogada especialista en Derecho Laboral y Seguridad Social.

Magister en Innovación en Derecho Digital y Legal Tech.

Influencer digital en protección de la propiedad intelectual y habeas data en entornos digitales.

 
 
 

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